martes, 1 de mayo de 2018

Cuentos de la Alhambra

"Cuentos de la Alhambra" es un libro escrito por Washington Irving en el año de 1829, publicado en 1832 bajo el título Conjunto de cuentos y bosquejos sobre Moros y Españoles.

La primera edición fue publicada por Lea & Carey, en Filadelfia, (The Alhambra: A Series of Tales of the Moors and Spaniards, by the Author of "The Sketch Book" - 1831) y Henry Colburn y Richard Bentley, en Londres, (The Alhambra, by Geoffrey Crayon, author of "The Sketch Book", "Brace-brigde Hall", "Tales of a Traveller", New Burlington Street - 1832) en ediciones simultáneas, que incluían una dedicatoria a David Wilkie, R. A., compañero de Irving en su viaje por España.​ En 1851 se publicó la versión revisada por el autor del texto.

Cuentos de la Alhambra se encuentra traducido a gran cantidad de idiomas y es considerado una de las obras más importantes de su autor.

El autor de la novela Cuentos de la Alhambra es el escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859). Adscrito a la corriente del romanticismo, destaca en este libro la confluencia de su interés por España y sus tradiciones (algunos lo consideran el primer hispanista extranjero) y la influencia del orientalismo.

Tuvo el privilegio de vivir en la Alhambra mientras escribía esta obra. Después de recoger todas las leyendas de los habitantes de la Alhambra, y tras investigar en los archivos de la Biblioteca universitaria granadina, desarrolló un género de novela fantástica de imprescindible lectura. Entre 1829 y 1832 fue secretario del consulado de Estados Unidos en España, bajo las órdenes de Martin Van Buren. Durante ese tiempo viajó, entre otros lugares, a El Escorial, Sevilla y Granada, examinando en especial los archivos que contenían documentación sobre todo lo relativo al Nuevo Mundo. Ello le sirvió de base para escribir Colón (1828), La Conquista de Granada (1829), Vida y viajes de Cristóbal Colón (1831). Su estancia en Granada le puso en contacto con la biblioteca de la universidad y le dio la oportunidad de alojarse durante una temporada en la propia Alhambra. Fue entonces cuando aprovechó para recopilar las leyendas y cuentos granadinos que constituyeron el génesis de los Cuentos de la Alhambra.

Esta original novela entremezcla una serie de narraciones o cuentos con el libro de viajes y el diario. El protagonista e hilo conductor es el propio autor, Washington Irving, que tras su llegada a España inicia un recorrido por tierras andaluzas que le llevan a Granada. Allí queda extasiado por la majestuosidad de la Alhambra en cuyas habitaciones se hospedará. Durante su estancia conoce a varios personajes, entre los que hay que destacar al que se convierte en su criado, Mateo Jiménez, que le acompañarán y le darán noticia de esos cuentos y leyendas que giran en torno al monumento y su pasado árabe.

Descubre así historias como la del astrólogo árabe que contribuyó con su magia a derrotar a los ejércitos enemigos; la de las tres hermosas princesas encerradas en una torre para que no se enamoraran; la del peregrino del amor también encerrado en una torre por su celoso padre; la del legado del moro que nos habla de un fabuloso tesoro encontrado por un aguador; la de la Rosa de la Alhambra en que se nos muestra un laúd maravilloso capaz de curar la melancolía del rey.

Pero al mismo tiempo el libro avanza por el tiempo presente (1829), correspondiente a la realidad que vive el autor. Esto le permite mostrar un rico cuadro de la Granada de la época, de sus calles, sus gentes, sus costumbres, etc.

El bello libro de Washington Irving no se ha llegado a popularizar en nuestra España tanto como en el resto de Europa y en el Nuevo Mundo, especialmente en Norteamérica, donde este insigne turista fue tan querido y celebrado. Y por cierto que bien merecía y merece la obra ser conocida de los españoles, y, sobre todo, de los hijos de la hermosa Granada, por él enaltecida y considerada como el dulce paraíso de sus días más venturosos.
Dentro de la rica literatura popular europea, pocos libros podrán aventajar al de Irving en interés y amenidad, por el sello especial que le distingue, por su estilo primoroso y sus galas y atavío de lenguaje, y por aquel colorido local tan artísticamente conservado en sus consejas: por su profundo conocimiento, en fin, de las costumbres populares granadinas.




No hay comentarios:

Publicar un comentario