Hablar de la Biblioteca de Ashurbanipal es hablar de uno de esos lugares que, incluso después de haber desaparecido físicamente, continúan ejerciendo una fascinación extraordinaria porque en ellos parece concentrarse una idea que atraviesa toda la historia de la humanidad: el deseo de conservar el conocimiento frente al paso del tiempo. Mucho antes de las bibliotecas de Alejandría, de las grandes colecciones medievales, de las universidades europeas y de las bibliotecas modernas, en la ciudad de Nínive, capital del poderoso Imperio neoasirio, un monarca decidió reunir una cantidad excepcional de textos escritos sobre tablillas de arcilla. Ashurbanipal, que reinó aproximadamente entre 668 y 627 a. C., no fue únicamente un soberano preocupado por la expansión militar de su reino, sino también un gobernante extraordinariamente interesado por la escritura, la literatura, la religión, la astronomía, la medicina, los presagios y la tradición intelectual de Mesopotamia. La colección que impulsó en Nínive terminaría convirtiéndose en uno de los testimonios más importantes que poseemos sobre la cultura del antiguo Próximo Oriente. (The Metropolitan Museum of Art)
La palabra «biblioteca», aplicada a la colección de Ashurbanipal, puede llevarnos inicialmente a imaginar un edificio parecido a una biblioteca moderna, con largas estanterías, libros ordenados y lectores desplazándose silenciosamente entre ellos. La realidad era muy diferente, aunque precisamente por ello resulta todavía más fascinante. Los textos estaban escritos principalmente en tablillas de arcilla mediante escritura cuneiforme, un sistema en el que los signos se imprimían sobre la superficie húmeda utilizando un instrumento, normalmente un cálamo de caña. La arcilla podía conservar durante miles de años aquello que hubiera sido escrito sobre ella y, cuando las tablillas eran sometidas accidentalmente al fuego, como ocurrió durante la destrucción de Nínive, podían quedar incluso más endurecidas y resistentes. La biblioteca que conocemos actualmente no constituye, por tanto, una colección intacta que haya sobrevivido de manera continua desde el siglo VII a. C., sino el conjunto de tablillas y fragmentos recuperados en las ruinas de la antigua capital asiria, muchos de ellos conservados hoy en instituciones como el British Museum. (Museo Británico)
Ashurbanipal, el rey que quiso conocer el pasado
La figura de Ashurbanipal resulta especialmente interesante porque contradice parcialmente la imagen simplificada que solemos tener de los monarcas de la Antigüedad. El rey asirio pertenecía a una tradición política caracterizada por la expansión territorial, la guerra y una extraordinaria demostración del poder real, pero al mismo tiempo mostró una relación poco habitual con la cultura escrita. Su interés por los textos no fue un simple pasatiempo erudito, sino una auténtica política de recopilación y preservación del saber. El proyecto de Nínive implicó el trabajo de escribas y especialistas encargados de recopilar y copiar textos, y parte de ese material procedía de centros intelectuales y archivos religiosos de Babilonia y otras ciudades mesopotámicas. (The Metropolitan Museum of Art)
Esto es importante porque la biblioteca no debe entenderse exclusivamente como una colección personal de libros pertenecientes a un rey. Era también una representación del conocimiento que el monarca consideraba necesario conservar y controlar. En el mundo mesopotámico, saber interpretar un presagio, conocer un ritual, comprender una fórmula médica, identificar una planta, traducir una palabra antigua o recordar correctamente una tradición religiosa podía tener consecuencias prácticas y políticas. El conocimiento estaba profundamente relacionado con la religión, el poder y la supervivencia del Estado, de modo que recopilar textos significaba también reunir instrumentos capaces de interpretar el mundo.
La propia existencia de una colección semejante nos revela, además, que la escritura cuneiforme había alcanzado un nivel de sofisticación extraordinario. Los escribas no se limitaban a registrar operaciones comerciales o documentos administrativos, sino que podían copiar obras literarias, listas léxicas, tratados, textos religiosos, presagios astronómicos y conocimientos especializados. La escritura había dejado de ser únicamente una herramienta administrativa para convertirse en una tecnología de conservación de la memoria cultural.
Nínive, la ciudad donde se reunió el conocimiento
Para comprender la importancia de la biblioteca es necesario imaginar primero Nínive. La ciudad se encontraba en la margen oriental del Tigris, en el norte del actual Irak, y durante el reinado de Ashurbanipal era uno de los grandes centros políticos del mundo antiguo. El Imperio asirio se encontraba entonces en uno de los momentos culminantes de su poder, aunque también comenzaban a manifestarse las tensiones que terminarían provocando su desaparición. La ciudad era al mismo tiempo una capital imperial, un espacio monumental y un centro de producción intelectual. (The Metropolitan Museum of Art)
Ashurbanipal desarrolló además un programa arquitectónico vinculado a los palacios reales. El denominado Palacio del Norte estaba asociado a su reinado y contenía representaciones monumentales de campañas militares y célebres escenas de caza de leones. La coexistencia de estas imágenes con una colección de miles de tablillas resume de una manera extraordinaria la naturaleza del poder asirio: fuerza militar y conocimiento, conquista y memoria, violencia imperial y sofisticación intelectual convivían dentro del mismo universo político. (The Metropolitan Museum of Art)
La biblioteca, por tanto, no era un fenómeno aislado de la sociedad en la que nació. Formaba parte de una cultura que concedía un enorme valor al conocimiento escrito y a la transmisión de las tradiciones de los escribas. En ese sentido, la colección de Ashurbanipal puede contemplarse como la culminación de una historia intelectual mucho más antigua, heredera de siglos de escritura mesopotámica.
Una biblioteca hecha de arcilla
Pocas cosas resultan tan evocadoras como imaginar una biblioteca construida fundamentalmente con tablillas de arcilla. Mientras nuestra concepción del libro está asociada al papel, al pergamino, a la encuadernación y a las páginas, los textos de Nínive tenían una materialidad completamente diferente. La tablilla era, en cierto modo, un objeto de escritura y conservación al mismo tiempo. El escriba imprimía los signos en la arcilla húmeda y, posteriormente, la tablilla podía secarse o cocerse. En las colecciones de Nínive se han identificado diferentes tratamientos y composiciones de las arcillas, y los estudios científicos contemporáneos han permitido analizar incluso cómo fueron fabricadas estas piezas. (Museo Británico)
Esta materialidad explica en buena medida la extraordinaria supervivencia de los textos. Los grandes archivos de la Antigüedad podían desaparecer con enorme facilidad cuando se perdían sus edificios, pero la arcilla posee una ventaja inesperada: es extremadamente resistente al paso del tiempo. El incendio que acompañó a la destrucción de Nínive en 612 a. C. contribuyó incluso a cocer muchas de las tablillas que habían sido escritas sobre arcilla. De esta manera, una catástrofe que significó el final del Imperio asirio contribuyó involuntariamente a conservar parte de su memoria intelectual durante más de dos milenios. (Museo Británico)
La imagen resulta casi literaria: una ciudad arde, sus palacios son destruidos, un imperio desaparece y, sin embargo, miles de pequeños objetos de barro sobreviven entre las ruinas. Aquello que parecía frágil termina siendo más resistente que las piedras de los edificios y que la propia estructura política que había ordenado reunirlo.
¿Qué contenía la Biblioteca de Ashurbanipal?
Uno de los aspectos más fascinantes de la colección es precisamente su diversidad. No encontramos una biblioteca dedicada a un único campo del conocimiento, sino un auténtico panorama de la cultura escrita mesopotámica. Las tablillas contienen textos literarios, religiosos, científicos, médicos, históricos, administrativos y léxicos, además de cartas, listas y observaciones astronómicas. El British Museum señala que la colección incluía, entre otras cosas, cartas, leyendas, diccionarios, historias, observaciones astronómicas y textos médicos. (Museo Británico)
Este carácter enciclopédico convierte la biblioteca en una especie de retrato intelectual de Mesopotamia. Las listas léxicas, por ejemplo, podían reunir palabras y conceptos con una finalidad pedagógica y erudita, mientras que otros textos servían para interpretar fenómenos celestes, estudiar enfermedades o ejecutar determinados rituales. La distinción moderna entre ciencia, religión, medicina, literatura y magia no puede aplicarse mecánicamente al mundo mesopotámico, porque aquellos ámbitos estaban mucho más estrechamente relacionados.
Los textos sobre presagios son especialmente reveladores. Para los especialistas mesopotámicos, los acontecimientos naturales y celestes podían ser interpretados como señales que ofrecían información acerca del futuro. Un eclipse, un determinado comportamiento de los animales o una configuración astronómica podían convertirse en signos que debían ser interpretados por expertos. La Biblioteca de Ashurbanipal conservó parte de esa extraordinaria tradición de observación e interpretación. (The Metropolitan Museum of Art)
Lo que para nosotros puede parecer una mezcla desconcertante de astronomía, religión, medicina y magia constituía en realidad un sistema intelectual coherente dentro de su propio contexto histórico. El mundo podía ser leído como un conjunto de signos, y el conocimiento consistía en aprender a interpretar esos signos correctamente.
El poema de Gilgamesh y la literatura que sobrevivió al tiempo
Entre todos los textos asociados con la biblioteca, probablemente ninguno posee una fama comparable a la del poema de Gilgamesh. La importancia de esta obra va mucho más allá de su antigüedad. Se trata de una de las grandes obras literarias conservadas de la humanidad y contiene una reflexión sorprendentemente profunda sobre la amistad, el poder, la pérdida, la muerte y la imposibilidad de alcanzar la inmortalidad.
La presencia de fragmentos del poema dentro de la colección de Nínive fue decisiva para que el mundo moderno pudiera recuperar una parte fundamental de esta tradición literaria. Entre sus episodios más conocidos se encuentra el relato del diluvio contenido en la tablilla XI, cuya semejanza con la narración bíblica del diluvio despertó un enorme interés en Europa durante el siglo XIX. La identificación y traducción de este texto produjo una auténtica sensación y contribuyó a modificar profundamente la percepción occidental sobre la antigüedad de determinadas tradiciones literarias y religiosas. (The Metropolitan Museum of Art)
El descubrimiento fue especialmente significativo porque demostró que muchas historias que parecían pertenecer exclusivamente a tradiciones posteriores tenían antecedentes extraordinariamente antiguos. El diluvio de Gilgamesh no es simplemente una curiosidad arqueológica, sino una ventana abierta hacia un mundo en el que los seres humanos ya reflexionaban sobre cuestiones que siguen resultándonos familiares: el miedo a la muerte, la pérdida de los seres queridos, el deseo de sobrevivir y la necesidad de encontrar algún tipo de sentido frente a la inevitable desaparición.
La biblioteca adquiere así una dimensión mucho mayor que la de un archivo histórico. Gracias a ella podemos escuchar, aunque sea de manera fragmentaria, la voz de personas que vivieron hace más de dos mil quinientos años y que, a su vez, copiaban historias procedentes de tradiciones todavía más antiguas.
La biblioteca como memoria de otras bibliotecas
Uno de los aspectos más interesantes de la colección es que Ashurbanipal no comenzó desde cero. Su proyecto se alimentó de la enorme tradición intelectual mesopotámica que le precedía. Los especialistas fueron enviados a recopilar y copiar textos, especialmente en archivos de templos de Babilonia, una de las grandes capitales culturales de la región. (The Metropolitan Museum of Art)
Esto convierte a la Biblioteca de Ashurbanipal en algo parecido a una biblioteca de bibliotecas. Muchos de sus textos no fueron creados durante su reinado, sino que eran copias de obras anteriores que habían circulado durante generaciones. El acto de copiar era, por tanto, una forma de preservar el pasado, pero también de transformarlo en una herencia disponible para las generaciones siguientes.
Esta característica resulta particularmente conmovedora desde nuestra perspectiva moderna. Cuando contemplamos una tablilla conservada en Nínive, no estamos necesariamente ante el primer ejemplar de una obra. Podemos estar contemplando una copia realizada por un escriba del siglo VII a. C. de un texto que ya tenía siglos de antigüedad. La tablilla constituye así un eslabón dentro de una cadena de transmisión que puede remontarse a épocas extraordinariamente remotas. La biblioteca no conservaba solamente el presente del Imperio asirio: conservaba su pasado.
El conocimiento como instrumento de poder
Sería, sin embargo, demasiado romántico imaginar la biblioteca únicamente como un santuario desinteresado del conocimiento. Ashurbanipal era un monarca imperial y la colección estaba vinculada al poder de la corte. La capacidad de leer, escribir, interpretar textos y dominar tradiciones especializadas estaba concentrada en manos de grupos de escribas y especialistas cuya actividad se desarrollaba dentro de las estructuras políticas y religiosas del Estado.
En este sentido, la biblioteca también representa una forma de poder. Quien posee el conocimiento posee herramientas para administrar, interpretar, predecir y legitimar. La escritura podía servir para registrar impuestos y campañas militares, pero también para conservar la genealogía de los reyes, sus victorias y sus relaciones con los dioses. El conocimiento escrito ayudaba a construir la imagen del soberano y a mantener la continuidad del Estado.
Ashurbanipal resulta particularmente significativo porque su interés por la cultura escrita parece haber sido genuino, pero ese interés no estaba separado de su condición de rey. La erudición y el poder se reforzaban mutuamente. La biblioteca podía conservar poemas y tratados, pero también contribuía a presentar al monarca como un soberano excepcionalmente culto, capaz de acceder a saberes que estaban fuera del alcance de la mayoría de la población.
La escritura como forma de inmortalidad
Hay algo profundamente simbólico en el hecho de que Ashurbanipal decidiera reunir textos escritos sobre un material tan humilde como la arcilla. El rey pertenecía a una civilización obsesionada con dejar constancia de sus acciones. Las inscripciones reales, los relieves y las tablillas buscaban preservar nombres, conquistas, genealogías y acontecimientos para las generaciones futuras.
La biblioteca lleva esa aspiración a una escala extraordinaria. El monarca podía morir, el palacio podía desaparecer y el imperio podía ser destruido, pero las palabras podían sobrevivir. La escritura ofrecía una forma de inmortalidad diferente de la que prometían los monumentos. Una estatua podía ser destruida, una ciudad podía convertirse en ruinas, pero una pequeña tablilla enterrada podía continuar transmitiendo un texto durante milenios y eso es exactamente lo que ocurrió.
Ashurbanipal murió y el Imperio asirio acabó desapareciendo. Nínive cayó en 612 a. C. ante una coalición encabezada por Babilonia y los medos, y el dominio asirio sobre el Próximo Oriente llegó a su fin. (The Metropolitan Museum of Art) Sin embargo, las tablillas sobrevivieron enterradas bajo los restos de aquella civilización. El rey desapareció, el imperio desapareció y la biblioteca dejó de funcionar como institución, pero las palabras continuaron esperando.
Desde esta perspectiva, la Biblioteca de Ashurbanipal puede interpretarse como una de las grandes paradojas de la historia: nació como instrumento de un poder imperial que pretendía ordenar y conservar el conocimiento, pero terminó sobreviviendo precisamente al poder que la había creado.
El descubrimiento de una biblioteca perdida
Durante muchos siglos, Nínive permaneció enterrada y el conocimiento occidental sobre el Imperio asirio procedía principalmente de referencias bíblicas y clásicas, además de las tradiciones locales. La situación comenzó a cambiar radicalmente durante las excavaciones arqueológicas del siglo XIX. La recuperación de los palacios y de las tablillas cuneiformes abrió una puerta hacia una civilización cuya literatura había permanecido prácticamente inaccesible para el mundo moderno.
Las excavaciones permitieron recuperar una cantidad extraordinaria de materiales y las tablillas acabaron distribuyéndose entre distintas colecciones. El British Museum conserva una parte fundamental de ellas y la institución ha señalado que el conjunto superviviente de tablillas y fragmentos asociados con la biblioteca alcanza aproximadamente las 32.000 piezas. (Museo Británico)
La recuperación de estos objetos no fue solamente un triunfo de la arqueología. Fue también un desafío intelectual de enormes proporciones. Los signos cuneiformes tuvieron que ser descifrados, los idiomas antiguos identificados y los fragmentos comparados entre sí. En ocasiones, una obra literaria podía encontrarse dividida en numerosas piezas que habían perdido su posición original, de modo que los especialistas debían reconstruir el texto como si estuvieran intentando recomponer un enorme rompecabezas.
Entre los protagonistas de esta nueva etapa se encuentra George Smith, cuya labor con las tablillas cuneiformes del British Museum condujo a uno de los episodios más célebres de la historia de la asiriología. En 1872 tradujo un pasaje que hoy reconocemos como parte de la tablilla XI de la epopeya de Gilgamesh, donde aparece la narración del diluvio. La noticia tuvo una enorme repercusión y contribuyó a despertar un interés extraordinario por las civilizaciones mesopotámicas. (The Metropolitan Museum of Art)
Una biblioteca que todavía se está reconstruyendo
Quizá uno de los aspectos más fascinantes de la Biblioteca de Ashurbanipal sea que todavía no está completamente «leída». Aunque han transcurrido más de ciento cincuenta años desde las primeras grandes excavaciones de Nínive, la enorme cantidad de fragmentos, la dificultad de las lenguas antiguas y el estado incompleto de muchos textos hacen que la investigación continúe.
La tecnología contemporánea está proporcionando además nuevas herramientas. Los estudios científicos de las tablillas permiten investigar no solamente lo que está escrito, sino también el material físico en el que fue escrito. Los análisis de arcillas, por ejemplo, pueden proporcionar información sobre la fabricación de las tablillas y ayudar a establecer agrupaciones y procedencias. El British Museum señala que su investigación reciente ha trabajado con unos 32.000 fragmentos y tablillas supervivientes para estudiar cómo fue reunida la biblioteca y de dónde procedían sus textos. (Museo Británico)
Este aspecto resulta especialmente atractivo porque nos recuerda que la arqueología no consiste únicamente en descubrir objetos enterrados, sino en reconstruir redes de relaciones. Cada tablilla puede aportar información sobre un escriba, una escuela, un templo, una ciudad, una tradición literaria o una cadena de transmisión. El objetivo no es simplemente leer palabras antiguas, sino reconstruir el mundo intelectual que hizo posible que esas palabras llegaran hasta nosotros.
La biblioteca y nuestra idea moderna del libro
La Biblioteca de Ashurbanipal también nos obliga a reconsiderar qué entendemos por «libro» y por «biblioteca». Estamos acostumbrados a imaginar la cultura escrita como una sucesión de páginas encuadernadas y a medir la importancia de una biblioteca por el número de volúmenes que contiene. En Nínive, la situación era completamente diferente. Los textos podían estar repartidos en múltiples tablillas, las obras podían transmitirse mediante copias y fragmentos, y el conocimiento podía organizarse mediante listas y series que no se corresponden exactamente con nuestras categorías bibliográficas.
Sin embargo, existe una semejanza fundamental: tanto la biblioteca de Ashurbanipal como una biblioteca moderna responden al mismo impulso humano de reunir información para impedir que desaparezca. Cambian los soportes, las técnicas y los sistemas de clasificación, pero permanece la necesidad de preservar la memoria.
En cierto modo, una tablilla cuneiforme y un libro moderno participan de una misma batalla contra el olvido. Ambos dicen, de una manera u otra, que aquello que ha sido escrito merece sobrevivir.
La biblioteca como cápsula del tiempo
Quizá esta sea la mejor manera de contemplar la Biblioteca de Ashurbanipal: como una gigantesca cápsula del tiempo creada sin que sus autores pudieran imaginar que estaba destinada a convertirse en una. Las personas que escribieron aquellas tablillas no sabían que sus textos serían descubiertos miles de años después por arqueólogos y lingüistas. Escribían para su propio mundo, para sus templos, para su rey, para sus estudiantes y para sus contemporáneos. Y, sin embargo, terminaron escribiendo también para nosotros.
Gracias a sus tablillas podemos conocer aspectos de la literatura, la religión, la medicina, la astronomía y la concepción del mundo de una sociedad que desapareció hace más de dos milenios. Podemos aproximarnos a las preocupaciones de sus habitantes y descubrir que algunas de ellas no son tan diferentes de las nuestras. La muerte, la enfermedad, el miedo al futuro, la necesidad de comprender los fenómenos naturales, el deseo de conservar los recuerdos y la búsqueda de una explicación para aquello que no podemos controlar aparecen una y otra vez.
Por eso la Biblioteca de Ashurbanipal resulta tan poderosa desde una perspectiva literaria. No es solamente un lugar donde se almacenaron historias: es una historia sobre el deseo de conservar historias.
El incendio que conservó la memoria
Existe una paradoja especialmente poderosa en el destino de Nínive. La destrucción de la ciudad en 612 a. C. significó el final de una de las grandes potencias de su tiempo. Los palacios fueron saqueados y destruidos y la capital quedó reducida a ruinas. Sin embargo, el fuego que contribuyó a destruir la ciudad también pudo favorecer la conservación de numerosas tablillas, al cocer la arcilla de manera accidental. Los estudios del British Museum indican que las tablillas de Nínive fueron cocidas a temperaturas superiores a los 800 °C y que posiblemente el incendio que consumió los palacios desempeñó un papel en esa conservación. (Museo Británico)
La imagen tiene una fuerza casi mitológica. El fuego, tradicionalmente asociado a la destrucción, se convirtió en un agente involuntario de conservación. Allí donde el imperio desapareció, quedaron las tablillas. Allí donde las paredes se derrumbaron, sobrevivieron las palabras. Es difícil encontrar una metáfora más perfecta sobre la fragilidad y la resistencia de la cultura.
Una biblioteca mucho más grande que Ashurbanipal
La importancia de esta colección ha hecho que se la describa en ocasiones como «la primera gran biblioteca» o incluso como una de las primeras grandes bibliotecas de la humanidad. Estas expresiones son útiles para transmitir su importancia, aunque conviene recordar que existían archivos y colecciones de tablillas mucho antes de Ashurbanipal y que la idea moderna de biblioteca no puede aplicarse sin matices a las instituciones mesopotámicas.
Precisamente por eso resulta más interesante considerarla dentro de una tradición prolongada de conservación del conocimiento. Ashurbanipal heredó un sistema de escritura, una tradición de escribas y una cultura intelectual que se remontaban muchos siglos atrás. Su gran mérito consistió, entre otras cosas, en reunir y preservar una cantidad extraordinaria de ese legado en el corazón del Imperio asirio. (The Metropolitan Museum of Art)
Su biblioteca es, por tanto, tanto una creación de su tiempo como un depósito de épocas anteriores. En sus tablillas conviven el presente del siglo VII a. C. y ecos de un pasado mucho más remoto. Es una colección que mira simultáneamente hacia atrás y hacia adelante: hacia las civilizaciones que la precedieron y hacia los lectores que algún día intentarían descifrarla.
El verdadero legado de Nínive
La Biblioteca de Ashurbanipal no sobrevivió como edificio, y probablemente tampoco podemos reconstruir con absoluta precisión cómo estaban organizadas todas sus tablillas cuando la colección estaba en funcionamiento. Lo que ha llegado hasta nosotros es un conjunto fragmentario, disperso y reconstruido a través de generaciones de investigación. Pero esa fragmentación no disminuye su valor; en cierto modo, lo hace todavía más fascinante.
Cada fragmento recuperado representa una pequeña victoria contra el olvido. Una palabra puede permitir reconstruir una línea perdida, una tablilla puede completar un episodio de un poema, una copia puede permitir interpretar otra más deteriorada y una pequeña diferencia en un signo puede ayudar a comprender cómo evolucionó una tradición durante siglos.
La Biblioteca de Ashurbanipal nos enseña así que la memoria cultural no siempre llega hasta nosotros completa. Muchas veces sobrevive en pedazos. La labor del historiador, del arqueólogo y del filólogo consiste precisamente en reunir esos fragmentos y devolverles, hasta donde sea posible, una voz.
Conclusión: cuando los libros sobrevivieron al imperio
La Biblioteca de Ashurbanipal constituye uno de los monumentos intelectuales más extraordinarios de la Antigüedad porque su verdadera grandeza no reside únicamente en la cantidad de tablillas que reunió, sino en aquello que representa. En Nínive, un rey decidió que el conocimiento acumulado durante generaciones debía ser recopilado, copiado y conservado. Los escribas reunieron textos de diversas procedencias y tradiciones, preservando literatura, religión, medicina, astronomía, magia, léxico, historia y administración. Entre aquellas tablillas quedó registrada una parte esencial de la memoria de Mesopotamia, incluida una de las versiones más importantes de la epopeya de Gilgamesh. (The Metropolitan Museum of Art)
Después llegó la destrucción. Nínive cayó, el Imperio asirio desapareció y la biblioteca dejó de funcionar. Durante siglos, las tablillas permanecieron ocultas bajo las ruinas hasta que los arqueólogos comenzaron a recuperarlas y los especialistas consiguieron descifrar la escritura cuneiforme. Desde entonces, aquella colección ha dejado de pertenecer exclusivamente al mundo que la creó para convertirse en una de las grandes puertas de entrada a la historia intelectual de la humanidad.
Hay algo profundamente conmovedor en este destino. Ashurbanipal quiso conservar el conocimiento de su civilización y terminó consiguiendo algo mucho más grande de lo que probablemente podía imaginar: conservar una parte de esa civilización para personas que vivirían más de dos mil quinientos años después de él. Su imperio desapareció, sus palacios se convirtieron en ruinas y la ciudad que había sido uno de los centros de poder del antiguo Oriente quedó enterrada, pero las tablillas continuaron allí.
Por eso la Biblioteca de Ashurbanipal puede entenderse como una biblioteca contra el olvido. Sus tablillas son pequeñas piezas de barro, pero contienen poemas, rituales, observaciones, conocimientos y preguntas que atravesaron siglos enteros. Son testimonios de una época desaparecida y, al mismo tiempo, recordatorios de que nuestra relación con los libros y con la memoria tiene raíces mucho más profundas de lo que solemos imaginar.
Cuando hoy abrimos un libro, guardamos un documento digital o depositamos una obra en una biblioteca, participamos, de una manera infinitamente más moderna pero conceptualmente semejante, en la misma voluntad que impulsó a aquellos escribas de Nínive: impedir que una idea desaparezca cuando desaparezca su autor. La Biblioteca de Ashurbanipal nos recuerda que quizá la verdadera finalidad de una biblioteca no sea simplemente almacenar libros, sino conceder a las palabras una posibilidad de sobrevivir a quienes las escribieron.
Y esa es, probablemente, la razón por la que las ruinas de Nínive siguen resultando tan fascinantes. Allí no solo sobrevivieron unas antiguas tablillas de arcilla. Sobrevivió una conversación iniciada hace miles de años y que todavía hoy podemos continuar leyendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario